Hide de abubilla en Marcilla: la escena que llevaba años queriendo fotografiar.
Siempre quise fotografiar una abubilla así.
Esa entrada al nido con las alas desplegadas, frenando en el aire, calculando perfectamente la maniobra y llevando en el pico una oruga todavía zarandeándose. Una imagen llena de sentido: un pequeño aporte de comida para la hembra, que pasa largas horas incubando sus huevos mientras espera, casi sin descanso, el alimento del macho.
Y después vendrá otra escena todavía mejor. Dentro de muy poco, cuando los pollos nazcan, llegarán esos instantes en los que la abubilla vuelve una y otra vez al nido y encuentra al otro lado varios picos abiertos esperándola. Esa es otra de las imágenes que siempre soñé hacer: la abubilla cebando a su prole, en uno de esos momentos que duran un suspiro y que, sin embargo, resumen muy bien lo fascinante que puede llegar a ser el comportamiento de esta especie.
Durante mucho tiempo imaginé encontrar esa escena en un viejo alcornocal, en un tronco hueco o en una oquedad perfecta, de esas que parecen hechas para la fotografía. Pero en Marcilla no hay alcornocales. Aquí hay corralizas, yeso, piedra, campos abiertos, corrales viejos y una relación muy estrecha entre el paisaje y la ganadería.
Y fue precisamente ahí donde apareció esta pareja.
Una abubilla en un viejo corral de ovejas
Este nuevo hide de abubilla nace a partir de una pareja que está criando en el hueco de la tapia de un viejo corral de ovejas, un lugar que sigue manteniendo su uso en las subidas y bajadas de los rebaños trashumantes hacia Bardenas.
El entorno no es idílico en el sentido más romántico de la palabra. No hay un bosque espectacular ni una estampa de cuento. Pero sí hay algo mucho más importante: es el lugar que ellas han elegido.
Y eso, para mí, tiene mucho valor.
Han escogido un hueco resguardado, protegido de depredadores y de las inclemencias del tiempo, en una estructura que todavía hoy forma parte del paisaje y del uso tradicional de esta zona. Allí comparten espacio, además, con una amplia colonia de gorriones, lo que refuerza todavía más esa sensación de vida, de refugio y de convivencia entre especies que tienen en estos viejos corrales un lugar perfecto para salir adelante.
A veces tendemos a imaginar la naturaleza solo en escenarios espectaculares, pero la realidad muchas veces va por otro lado. Y en este caso, aunque el fondo no sea el de un viejo alcornoque, la escena tiene una fuerza enorme precisamente porque es auténtica.
No es el típico hide de pose: aquí hay que estar rápido
Este hide tiene algo que me gusta mucho y que también conviene contar bien: no es el típico hide en el que te sientas a esperar a que el animal se pose bonito y te regale una imagen calmada.
Aquí la fotografía es diferente.
Aquí hay que estar atentos. Muy atentos.
La abubilla no entra al nido despacio ni avisa. Llega, frena, calcula y desaparece en apenas un instante. Y eso obliga a fotografiar de otra manera. Hay que nadar más rápido, leer la escena antes de que ocurra y tener la cámara preparada para reaccionar en una fracción de segundo.
Técnicamente, eso significa que muchas veces tocará subir la velocidad de obturación, elevar el ISO y, según la situación, incluso cerrar un poco el diafragma para asegurar que el sujeto quede bien a foco. No es una fotografía relajada ni de automatismos. Es una fotografía de reflejos, de atención y de comportamiento.
Y eso la hace muy entretenida.

A mí, personalmente, me gusta mucho este tipo de sesiones porque te obligan a estar metido de verdad en lo que está pasando. No basta con mirar por el visor. Hay que anticiparse, entender por dónde puede venir el ave, cómo se aproxima al hueco, si trae alimento, si viene directa o si primero se posa cerca. Todo cuenta.
Lo mejor está por venir
De momento, mientras todavía no haya pollos, las cebas son más espaciadas en el tiempo y no hay demasiadas oportunidades seguidas. Hay que tener paciencia, observar y esperar ese momento concreto en el que el macho aparece con alimento o la actividad se acelera ligeramente.
Pero esto cambiará pronto.
En cuanto los polluelos nazcan, la dinámica será otra. Entonces sí, esto puede convertirse en un auténtico desfile. Las entradas y salidas al nido se multiplicarán, el ritmo será mucho más alto y las posibilidades fotográficas crecerán muchísimo. Ahí llegará de verdad esa secuencia que tantos fotógrafos buscan: las cebas constantes, el alimento en el pico, la precisión de la llegada y la sensación de que siempre está pasando algo.
Ese momento, para quien disfrute de la fotografía de abubilla, puede ser realmente especial.
Fotografía de abubilla en un hide pensado para comportamiento
Lo bonito de este hide es que no solo permite fotografiar una especie muy atractiva, sino también una escena con historia. No se trata simplemente de ver una abubilla, sino de intentar contar algo con la cámara: el esfuerzo de la reproducción, la precisión de la entrada al nido, el vínculo entre macho, hembra y pollos, y esa actividad incansable que muchas veces pasa desapercibida si no te paras a observarla de cerca.
Por eso diría que este hide no está pensado solo para quien quiera una foto bonita de una abubilla, sino también para quien disfrute fotografiando comportamiento.
Aquí lo interesante no es únicamente el ave, sino lo que está haciendo.
Un hide de abubilla diferente en Marcilla
En Malone Nature sigo buscando precisamente eso: no solo especies, sino escenas. Situaciones que tengan valor fotográfico, sí, pero también interés natural y algo que contar detrás.
Este hide de abubilla en Marcilla va en esa línea. No nace de un decorado perfecto ni de una imagen artificialmente construida, sino de una pareja que ha decidido criar en un lugar muy concreto, dentro de un paisaje muy nuestro, muy de aquí. Y eso hace que la experiencia tenga todavía más sentido.
Si llevas tiempo queriendo fotografiar a la abubilla en plena época de cría, si te atraen esas entradas rápidas al nido con las alas abiertas, o si te apetece probar una sesión distinta, más dinámica y más exigente en lo técnico, creo que este hide puede resultar especialmente interesante.
Porque a veces la foto que uno soñaba no aparece en el escenario que había imaginado, pero acaba surgiendo en otro lugar. Y cuando eso ocurre, y además funciona, casi siempre merece la pena.
Si te interesa este hide de abubilla o quieres venir a fotografiar esta escena en Marcilla, puedes escribirme a través de la web o por WhatsApp. En cuanto los pollos nazcan, la actividad irá a más y será un momento especialmente bueno para intentarlo.
